Régimen desborde, 2018

Individual de Julián Barón

Sala Luis Miró Quesada Garland

Municipalidad de Miraflores

Lima, Perú.

Curaduría

Julián Barón y Jorge Villacorta (conceptualización y diseño de exposición)

Jerson Ramirez (Asistente de curaduría, producción y diseño gráfico)

Equipo "Datero Jaula 18"

Diego Arregui

Atoq Wallpa Sue

Estrella Márquez - Freska

Christian Ugarte

Ana Lía Orezzoli

Monarca Criollo

María Gracia Rodríguez - Glam

Nemo

Meki

Andes Lima Love

Raúl Rustoy

Rodrigo Tarazona - Deox

Freisy González

Lucero del Castillo

Boris Mercado

Jerson Ramirez

Jorge Villacorta

Julián Barón

Sergio Martínez

Bruno Guzmán - Bla

Actividades

Inauguración

Jueves 16 de agosto

Visitas guiadas

18, 24 y 28 de agosto

Cuento infinito

Domingo 19 de agosto

Perfil actualizado de la fotografía

Lunes 20 de agosto

Memorial. Desmontaje de una publicación.

Jueves 23 de agosto

One Day Printing Show

Tauromaquia

Sábado 25 de agosto

Festival independiente de autopubliaciones

Domingo 26 de agosto

"Un cierto panorama"

Visita guiada y conversatorio

C.C. de España en Lima

Intervención a cargo del grupo Yuyachkani

Martes 28 de agosto

​Vídeo de la intervención

Puertas abiertas "La Jaula"

Miércoles 29 de agosto

¡Sin fin!

Fiesta Book Jockey

Viernes 31 de agosto

Texto curatorial

Julian Barón explora y se pregunta incesantemente acerca del lugar de la imagen en la corriente de impermanencia que caracteriza al presente. Nada puede asegurar la sobrevivencia de una imagen en un contexto social cualquiera, y es fácil comprender cómo el olvido logra engullirla sin problemas; pues para que haya resistencia, el tejido social debe estar atravesado, impregnado de conocimiento y cultura solidarios. La constatación más frecuente es la de una ausencia de memoria en mayor o menor grado para cualquier sociedad observada detenidamente.

Barón es un artista que trabaja desde la práctica de la fotografía y también a partir de la lectura de la imagen en la modalidad que fuere. Se desplaza a lo largo de una línea de fractura -una discontinuidad profunda hecha de las discrepancias entre lo vivido y lo recordado personalmente-, y la memoria colectiva  traumatizada que define el sustrato que desde lo oculto se convierte en la clave faltante para perforar y descentrar lo normalizado como el estado de las cosas. La percepción de la fractura genera una necesidad sentida de construir una poética y una ética de la memoria en el terreno sembrado de visualidades que es la cultura contemporánea. En estos desplazamientos, el artista procede a activar actitudes radicales de procesar e intervenir la imagen para multiplicar, desdoblar y distorsionar su status. Lo fotografiado, lo fotocopiado, lo escaneado, lo audiovisual, lo escrito y dibujado en la pared son un posible repertorio de formas de expandir la circulación de las imágenes, además de ser coartadas para negociar y reposeer para el espacio ciudadano, el terreno perdido al olvido.

Los resultados de esta negociación no apuntan sino a lograr apenas un equilibrio pasajero; y para cada momento transcurrido en la intensidad de la transformación desafiante de lo establecido, en el laboratorio de imágenes, es necesario asumir que siempre habrá que empezar de nuevo y empeñarse -una y otra vez- en replantear qué hacer. A su paso, Julián Barón deja un rastro liberador que marca y permanece en las mentes de los que han sido y son tocados por su visión de la imagen como un terreno listo para una deflagración.

Jorge Villacorta Chávez

Comentarios sobre la obra de Julián Barón

Se ha hecho cada vez más frecuente escuchar que el arte hoy se ocupa de hacer “algo” con el cúmulo de imágenes que intervienen en la vida cotidiana. Sin duda buena parte de ese algo se resuelve en el eje que va de lo pasivo del consumo a lo activo de la producción: desde ese diagnóstico que empezó su recorrido global a fines de los sesenta (“la imagen ha conquistado lo real”) hacia la restitución de la agencia que muchos vieron negada en ese entonces (“hoy todos somos productores de imágenes”). Pese a que el entusiasmo por este momento menos autoritario impere, pienso que las cosas no se resuelven apelando a nociones post-algo -que, por cierto, mantienen una relación determinada con aquello que superan- sino que se requiere algo más de esfuerzo dialéctico para comprender esa paradójica condición en la que nos encontramos: aquella donde una práctica visual ciertamente extendida en nuevos planos de la vida no alcanza para sostener el deseo de democratización de la experiencia. Hay una especie de salto cualitativo negado en la extensión del aparato productivo de imágenes que marca la pauta del día. A fin de cuentas, dicho aparato continúa subordinado a razones que buena parte de usuarios desconoce, o inclusive, cuando lo conoce un tanto, prefiere soslayar cínicamente. Uno de estos esfuerzos sostenidos en la última década es el de Julián Barón, quien trae a Lima un nuevo ensamblaje de trabajos que intentan, a fuerza del nombre con el que ha titulado la muestra, hacer que algo choque a nivel conceptual: si hace un tiempo viene hablando de un régimen visual como matriz de sus proyectos, este montaje responde a la idea del régimen desborde, como si lo visual no bastara para dar cuenta del terreno social en el que su obra aterriza. El desborde, como sabemos bien, es una metáfora que acompaña a las ciencias sociales locales desde hace décadas, llegando inclusive a instalarse en el sentido común para señalar el carácter inestable y precario de nuestra vida social, al tiempo que abre una puerta a su fetichización como exceso productivo, o mejor, como marca autóctona de la autenticidad de la urbe peruana y acaso latinoamericana en el escenario global de la cultura. El reemplazo de términos en el título invita a preguntarnos si lo visual es el engranaje principal del régimen que habitamos, o si su desplazamiento por la propia metáfora del desborde merece procesarse no solo desde el eje antes mencionado de la pasividad-actividad en cuanto a la producción simbólica, sino desde la dinámica misma que hace de ciertas formas del poder absolutamente esquivas a la mirada.

Mijail Mitrovic, 2018.

El trabajo de Julián Barón trata de poner en evidencia el conjunto de recursos, visuales y comunicativos, que se usan en nuestra sociedad para crear una determinada “imagen” capaz de mantener la actual hegemonía política y económica. Un conjunto de medios que conforma todo un “régimen de las imágenes”, que se puede relacionar directamente con el sistema político actual.

Su punto de partida es la fotografía, pero su trabajo ha acabado por expandirse a otros ámbitos relacionados con la pedagogía de la imagen. Para conseguirlo ha renunciado a esa calidad de los materiales que se suele vincular a unos determinados contextos institucionales. Frente a la “riqueza” de imágenes propia de los museos y las galerías comerciales, Julián Barón opta de modo radical por trabajar con imágenes provenientes de archivos, o sacadas directamente de internet, que no son “originales”, sino copiadas una y otra vez, y que han tenido una “vida” al circular por las redes.

Se pone de manifiesto, así, que en este “régimen” no hay ninguna experiencia directa de la realidad, sino que todo proviene del reciclaje de imágenes previas y de estereotipos visuales. Y también, que las imágenes que propone Julián Barón no pretenden ser objeto de contemplación estética, sino provocar la reflexión y la acción directa sobre el mundo en que nos encontramos.

Javier Ortiz-Echagüe, 2018.

La revisión de momentos históricos a través de imágenes “liberadas” de diferentes archivos, o la utilización de materiales contemporáneos al contexto político y social de un determinado lugar, son la materia prima de la que se viene sirviendo Julián Barón en sus trabajos. Si los medios difunden con abundancia e inmediatez cierto tipo de imágenes (instituyendo un régimen visual), en sus últimos libros publicados —como Tauromaquia, Memorial o The Cage— Julián Barón pone en marcha un dispositivo que contrarresta esos efectos por medio de una estrategia singular: la recontextualización de las fotografías y su difusión y reproducción masiva (desbordada) a través de un medio tan sencillo como la fotocopiadora, con el fin de activar su potencial crítico y permitir un entendimiento diferente, una percepción nueva, una emancipación.

Más que como autor, Julián Barón se posiciona como catalizador capaz de articular propuestas que atraviesan ese régimen fotográfico. Lo principal es la reflexión, la experiencia transformadora; por lo tanto, se aleja de estructuras estáticas y crea, en su lugar, otras flexibles que se amoldan a situaciones cambiantes, ya sea a través de la creación colectiva de libros que no necesitan en última instancia ser impresos o bien de acciones que se desarrollan tanto en el marco de espacios para la fotografía como fuera de ellos.

Sonia Berger, 2018.

Julián Barón es una de las figuras más activas y comprometidas de la nueva escena fotográfica española. La instalación presentada en el Rencontres d'Arles reúne por primera vez tres de sus proyectos más recientes producidos en España desde 2011: C.E.N.S.U.R.A., Tauromaquia y Los últimos días vistos del rey. Profundamente preocupado por las cuestiones políticas, económicas y sociales de un país en crisis sin precedentes, utiliza imágenes escandalosamente manipuladas y retorcidas en una dialéctica de la representación del poder, las instituciones y la clase política.

Fannie Escoulen, 2015.

Denunciar el poder con disparos de flash, cuestionar la educación con pantallazos de exhibiciones escolares de las fuerzas de seguridad del Estado fotocopiados o interrogar el rol de monarquía española a partir de capturas de la retransmisión televisiva de la coronación de Felipe VI. Dejar la construcción de la memoria histórica peruana en manos abiertas o inscribir otro ángulo de visión de los conos norte y sur de Lima. El trabajo que aquí se recoge de Julián Barón es heterogéneo en temas y procesos pero coherente en su posicionamiento, siempre incómodo y punzante. Señala, denuncia y revela los mecanismos de la imagen sobre los que se asientan el poder y los relatos oficiales para ponerlos al descubierto. Imágenes nada complacientes que son difíciles de leer pero que nos permiten girar nuestra mirada sobre la propia imagen para acercarnos lúcidas visiones sobre cómo se generan los discursos visuales. La función artística privilegia así una función pedagógica que busca sacar al lector de su plácido aletargamiento. Régimen visual y Desborde visual generan Régimen desborde para cruzar —en todos los sentidos— dos series y dos continentes para cuestionar la imagen desde la propia imagen e invitar al lector a responder activamente a esta (de)construcción.  

   

Marta Martín Núñez, 2018.

Julián Barón es uno de los fotógrafos más prolíficos de su generación. Su obra se ha dado a conocer a través de una serie de publicaciones independientes que renuevan de forma radical el lenguaje fotográfico. Desde el 2011, sus publicaciones como C.E.N.S.U.R.A., Los últimos días vistos del rey y Memorial han abierto el espacio a nuevas formas de crítica política. Sus imágenes son reaccionarias y sus ediciones son llamados a abrir el espacio editorial a la crítica política. Tauromaquia y Memorial son dos de los libros que Julián ha compartido en formato PDF, motivando el proceso de impresión casera. Algunos de ellos han sido impresos y publicados a través de talleres colaborativos de impresión. En cada uno de los formatos -edición, exposición, video- Julián ha sabido confrontar los registros oficiales de la imagen, cuestionando el discurso oficial de los medios y de la arena política. Julián hace funcionar la fotografía como un filtro que registra y transforma los discursos oficiales en obras profundamente críticas.

Laura Carbonell, 2017.

El Coyote y el Correcaminos son los personajes de una mítica serie estadounidense de dibujos animados creada en el año 1949 por Chuck Jones. El Correcaminos es un pájaro velocísimo que es perseguido por el Coyote a través de las carreteras del desierto del sudoeste de Estados Unidos. A pesar de sus numerosas e ingeniosas tentativas, el Coyote no consigue nunca capturar al Correcaminos. Se trata de una serie muda exceptuando el sonido característico del Correcaminos (bib-bip) y el ruido que hace cuando saca la lengua. Sin embargo, los personajes se comunican entre sí mediante letreros y poseen la facultad de romper la llamada (e invisible) cuarta pared para provocar al espectador. A veces he leído o escuchado que Julián es uno de los autores del presente que más cerca está de comprender cómo funcionan los entresijos de la imagen en esta esquizofrénica época de omnipresencia y condena a las pantallas. Yo, que lo conozco en profundidad, les voy a revelar cuál es su secreto: está tan lejos de lograrlo como el Coyote de agarrar al Correcaminos, pero tampoco deja de intentarlo.

Jorge Alamar, 2018.

Obras

Julián Barón

C.E.N.S.U.R.A

2018

Fotocollage impreso en vinil adhesivo

Medidas variables

Julián Barón

Tauromaquia

Fotomontaje impreso en papel

Medidas variables

Julián Barón

Los últimos días vistos del Rey

Serie de fotolibros

Julián Barón

Memorial

2018

Fotografía con el equipo

Folletos de la exposición

Fotografía: Julián Barón

Diseño: Jerson Ramirez